8M

A lo largo de mis años de formación he tenido el privilegio de formar parte de un espacio en el que lo personal era político, un lugar en el que la reivindicación nace del sujeto que, alzándose, decide asumir los autocuidados como una nada desdeñable alternativa a la culpa que nos recuerda, de forma constante, el lugar que ocupamos en el mundo.

Por Dmial

La poeta y académica Audre Lorde nos hablaba, en su obra “La hermana, la extranjera”, del poder transformador de la poesía, de los vínculos transnacionales capaces de unir a todas aquellas que, desde el estigma, ven hermandad en la experiencia de un padecer compartido. El 8M, la huelga de cuidados, no es una licencia que se conceden las mujeres una vez al año, es la visibilización de todo un aprendizaje vital, basado en la abnegación, que lleva siglos jodiendo a la mitad de la población mundial. El día de hoy es un grito de guerra, una proclama contra la culpa que, desde dentro, castiga con la severidad de una guillotina a toda aquella que se niega a pasar por el aro de unas durísimas expectativas que marcan carne, corazón, mente y lengua.

Hace unos años, en el edificio revestido de hierro naranja y cemento que llamé facultad, una sabia profesora me explicó: “es necesario visibilizar las desigualdades, pero, no caigamos en el error de pensar que aquellos que las sufren no son conscientes de las mismas. La desigualdad la sientes, la entiendes, el estigma se sabe, aunque no sea nombrado”.

Hoy es el día en que ellas gritan, pero el 8 de marzo no es sólo un día para las mujeres, es un día para asumir cuidados, para responsabilizarse de todo aquello que aprendimos a no ver desde nuestro “yo hombre”. No es el puto día de la igualdad, no seamos cabronxs, es el día en que, de una jodida vez, asumimos y visibilizamos la terrorífica desigualdad legal, jurídica, laboral, económica, afectiva, social y política, de género, que habitamos. Si esta valoración te resulta ofensiva, o tu masculinidad implora el refuerzo positivo que ya tan sólo la ultraderecha le ofrece, te aconsejo que repases algunos de los finos versos de Valerie Solanas en el “Manifiesto Scum” antes de proseguir con la lectura, así podrás ver lo que sucede cuando dichas desigualdades no son tratadas a tiempo de forma eficaz (que se lo digan a Warhol, el entendió muy bien a lo que se refería Solanas).

Por todos estos motivos, querido lector, te suplico que -si tu representación de género tuviese su base en la masculinidad- dediques este apacible día a atender aquellos cuidados que, cual judío en Shabat, llevas ignorando toda la vida en detrimento de la mujer más cercana.

A modo de breve tutorial, te daré una lista de consejos para tu día en solitario, guía que sé, acogerás con gratitud debido a tu completa ineptitud en la materia. No te ofendas, nada que una buena lobotomía no pueda solucionar. Aquí van los wikiconsejos:

1. No llames. Sea lo que sea, pase lo que pase, gestiónalo, arréglalo, busca la jodida forma de hacerlo. La mujer más cercana, ahora mismo, estará de farra en una cacerolada recordando que está viva más allá de tus inoportunas mierdas, así que no le toques el coño y deja que se emborrache tranquila con sus amigas. Busca tutoriales, páginas de youtube, foros, si no sabes hacer algo, aprende.

2. No votes a VOX.

3. No, lo de ser “madre” no es emocionalmente distinto a lo de ser “padre”. No hay instinto maternal, y si lo aprendiste así es que tus profesores no revisan su material bibliográfico desde mediados de los años 50s.

4. Después de los 60 sigues siendo una mujer, eso no caduca, no vale liberar a la madre para encarcelar a la abuela. No te vas a contagiar del ébola por pasar más de media hora con tus hijos.

5. Asumir los cuidados significa ser activo, asume la responsabilidad y analiza qué hay que hacer para solucionar la situación, no felicites, esperes órdenes, ni regales putas flores, trabaja joder.