Vamos a hablar de impuestos

Situémonos.  Foro de Davos (World Economic Forum). Desfile de la  la élite económica y política mundial. Un millar de yets . Los responsables de la crisis analizando el cambio climático, la pobreza o la desigualdad que ellos mismos provocan.

Por José Victoria

Donde está el origen de la pobreza, de la desigualdad, de las crisis. Nadie contesta con claridad. Unos se refugian en discursos politicos, hablar mucho sin decir nada. Otros en argumentarios tecnocráticos. De pronto, sin embargo uno de los invitados como ponente, el historiador holandés Rutger Bregman, recoge lo que venido diciendo economistas y sociologos durante décadas. La clave de la desigualdad está en el sistema impositivo. Mas claramente: impuestos, impuestos e impuestos.

 La cuestión es especialmente importante para España. Siguiendo los pasos de la derecha de toda la vida, el presidente norteamericano Donald Trump hace de la rebaja de impuestos, a los mas ricos, su punta de lanza para ganar elecciones. En España hacen lo propio Ciudadanos, el PP o VOX. Hay que bajar impuestos, siempre los directos, sobre renta o patrimonio, los que solo pagar los mas ricos.

Lo que no dicen es que eso se traducirá a corto plazo en la privatización de la Sanidad, la enseñanza o las pensiones. A menos impuestos directos, más impuestos indirectos. Los que se pagan con el recibo de la luz o el teléfono, en pàn o la leche. Esos los pagamos todos. Esos impuestos si que los sube en PP o Ciudadanos. Receta para los que menos tienen: pagar mas. Receta para los ricos: pagar menos. Exactamente es lo que ha puesto en marcha como primera medida el gobierno del PP y Ciudadanos en Andalucia.

Volviendo al discurso del historiador holendes, el autor de éxito tiene claro que la solución a la mayoria de los problemas del mundo: los impuestos. “Escucho a la gente hablar de participación y justicia, igualdad y transparencia pero casi nadie menciona un auténtico problema: la evasión de impuestos”, aseguró Bregman. Y añadió: “Dejad de hablar de filantropía y empezad a hablar de impuestos. Impuestos, impuestos…”.

Bregman en su libro Utopía para realistas: cómo podemos construir el mundo ideal promueve una vida más productiva y equitativa basada en tres ideas centrales que incluyen un ingreso básico universal e incondicional pagado a una corta  semana laboral de quince horas.

“Esta es mi primera vez en Davos y me resulta desconcertante que 1.500 aviones privados hayan volado hasta aquí para escuchar hablar a Sir David Attenborough hablar sobre cómo nos estamos cargando el planeta. Escucho a la gente hablar de participación y justicia, igualdad y transparencia, pero casi nadie menciona el auténtico problema de la evasión de impuestos. Y de que los ricos simplemente no están pagando lo que les corresponde. Es como si estuviera en una conferencia de bomberos y nadie pudiera hablar de agua”.

Hace 10 años el Foro Económico Mundial hizo una pregunta: “¿Qué debe hacer la industria para prevenir el rechazo social?”. La respuesta es muy sencilla: “Dejad de hablar de filantropía y empezad a hablar de impuestos. Impuestos, impuestos…”</p>

Hace dos días estaba aquí un multimillonario, Michael Dell, y él hacía una pregunta: ‘Decidme un país en el que haya funcionado un tipo de impuestos máximos del 70%’. Y, sabes, yo soy historiador… Los Estados Unidos, ahí funcionó. En los años 50, durante la presidencia del republicano Eisenhower, un veterano de guerra. El tramo máximo de impuestos en EEUU era del 91% para gente como Michael Dell. Esto no es ingeniería espacial. Podemos hablar mucho sobre todas esas tonterías filantrópicas, podemos volver a pedir a Bono que vuelva, pero, vamos, tenemos que hablar de impuestos. Impuestos, impuestos, impuestos, todo lo demás es una gilipollez, en mi opinión”.

En conclusión quienes promueven bajadas de impuestos, nunca dicen que son los directos, lo que proponen es más desigualdad, mas pobreza y menos servicios públicos. Un país donde si no tienes recursos te mueres en la calle, como Estados Unidos, por no tener seguro médico, no tienes escuela y no tienes una pensión digna. Volviendo al siglo XIX. Salvo por Proust, mejor dejemos ese siglo en los libros de historia.