¡Viva el Papa!

Hace unos días se publicaba “La fuerza de la vocación”, un libro-entrevista con el Papa Francisco. En la obra, el director de la editorial claretiana de Madrid, el padre Fernando Prado, transmite su vivido encuentro con el Papa, acercándonos a las creencias y opiniones de su Santidad en un ejercicio literario que resultará del todo clarificador para comprender las posturas del sucesor de San Pedro.

Por Luis Benjamin Victoria Navas

No podríamos esperar un mejor interprete para su Santidad que el Padre Fernando Prado, capaz de sintetizar, con elegancia y buen hacer, las principales opiniones del representante de Cristo en la tierra. Al acercarme al documento original, el breve encuentro descrito en las 120 páginas del libro, pude constatar que el viejo orden ha dado lugar a argumentos nuevos, más fuertes, mejor lubricados.

“Los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro están llenos de codicia y maldad. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera también hizo lo de adentro, ¿no es cierto?” (Lucas 11:39, 40).

Uno de los grandes titulares del documento, ha surgido del profundo análisis sociológico del Papa Francisco, que, con un criterio enunciativo capaz de competir con la mejor charla de tasca, señalaba: “La homosexualidad pareciera que está de moda en nuestras sociedades”. No, su Santidad, lo que sucede es que sus fieles comisionarios ya no nos apedrean por las calles, su inquisición ya no tiene la potestad de quemarnos como herejes, no nos vemos obligados a tomar los hábitos para escapar del fuego purificador de su diabólico fanatismo. No es moda, son derechos sociales.

Su santidad, de forma cuidadosa, deja caer algunos elementos que no cuesta demasiado hilar. Habla de dobles vidas, de la necesidad de implementar los mecanismos de elección de candidatos para la vida sacerdotal. Es decir, escoger a heterosexuales concienciados con el celibato, ya que son ellos los que poseen la capacidad de vivir en santidad. Es necesario localizar a todos esos maricones que rezan por la mañana y, como perras en celo, convierten en cuarto oscuro la Capilla Sixtina al caer la tarde.

Las filas católicas se han nutrido durante siglos de maricones y bolleras, de todo aquel incapaz de cumplir la norma escrita en sangre por el odio de los devotos de un Dios-hombre adorado por medio de esclavitud y casquería, rendís culto a un profeta de la paz, pero usasteis sus huesos para forjar vuestras espadas. El anillo del pescador ya no es la herramienta divina de fistfuck político que fuera antaño. Sus sucias opiniones sobre la vida, los derechos, la humanidad y la realidad social, resuenan sin fuerza entre las paredes de mármol y oro expoliados, que recubren con apostasía su mancillada torre de babel.

Este caballero no pasará a la historia por su católico legado, simplemente será el embustero con alzacuellos que mejor se escondía la polla, un exhibicionista avaro y silencioso, un escapista que proclama amar al Dios cristiano desde el odio a sus hijos.  Es usted peor Papa que Gregorio XVIII, el de los hurtos del Palmar de Troya, a él, al menos, se le veía venir. Pero ya se sabe: lo santo, no quita lo machirulo.