Andalucía elige conductores para el choque de trenes catalán

Ni siquiera hacen falta 24 horas para que baje la marea y podemos evaluar los efectos del desastre. La izquierda andaluza ha perdido sus primeras elecciones en casi cuatro décadas. La derecha, no lo tiene fácil, pero podrá gobernar una de las comunidades más importantes de España. Dos principales actores de esta tragicomedia, PP y Ciudadanos con la muleta de extrema derecha de Vox tendrán que dilucidar que formación se pone en cabeza en la recta final hacia las elecciones generales de 2019.

Por José Victoria

Lo primero que choca en estos tiempos convulsos es comprobar lo poco fiables que son las encuestas. Ni una sola de ellas daba la victoria al frente de derechas.
La clave de este lío está en la abstención. Cuando se preveía una participación cercana al 60 por ciento, la realidad nos muestra que poco más de la mitad de los electores han ido a votar. Una gran parte del electorado progresista se ha quedado en casa.
Susana Díaz, por el lado socialista y menos aún Teresa Rodríguez han sido capaces de ilusionar a su electorado el mínimo imprescindible para acudir a la cita con las urnas. La mezcla de nacionalismo andaluz con viejas recetas de la izquierda de siempre ha resultado un pastiche que se le ha indigestado a los menos fieles de sus huestes.
La derecha, y la extrema derecha, si que han movilizado a todo su electorado. El nacionalismo español, el miedo al separatismo y la alargada sombra del fantasma del soberanismo catalán han sido un llamamiento a la defensa de la patria. Un grito que siempre moviliza las conciencias del miedo. Con ese acicate han vencido.
Se ha tratado, y se tratará en las generales, de una guerra de banderas. Y en una guerra de banderas siempre ganará la derecha.
La derecha que gobierna en Cataluña y que gobernará en España quieren, necesitan, un choque trenes. Y unos y otros han elegido maquinistas.